El otoño llegó arrancándose las hojas,
el espiral de besos se detuvo justo allí.
No hay lluvia ni nieve, no hay llanto.
Sólo viento que se lleva al viento
y sombras de fin de estío.
El trigo se estaba quedando callado,
a mi alfombra le crecieron tallos
que no retoñaron al lado del “tú”
la otra tarde cuando –ya me voy–.
Melomega, de la mano del tiempo se llega
al pasado donde te robaron el suelo de azúcar.
Yo te di una razón para hablar en futuro,
te compré una estación que no tiene de dónde
agarrarse sin ti. Te crecí en el jardín
un fragmento de mí y me fui con el yelmo vacío
de sueños, sin trigo. Mejor que me fui
y no me esperé a la siega de nosotros dos
siendo amigos.
18 de Noviembre 2009